Los maravillosos ocho

Llegó la hora de romper el vínculo. Duele. Meses esperando el Tour y ya se esfumó. Pero aún nos queda el placer del balance, del análisis. No hay aficionado al ciclismo que deje reposar por completo su mente ávida de sensaciones hasta que se relame una ultima vez (o penúltima, o antepenúltima quién sabe) realizando un sosegado desglose de lo mejor de cada edición. Una manera como otra de hacerlo es resumir en ocho nombres lo más vibrante de este Tour del desempate entre los colosos. Vamos a ello.
Tadej Pogacar (ESL): Bestial, implacable, intratable, colosal, bárbaro, brutal. Elija su adjetivo más adecuado o añada otro a la lista. Impactante en la primera semana (dos etapas para el zurrón y una contarreloj que ya empezó a dejar claro quién iba a ser el jefe), fascinante en la segunda con su doblete pirenaico, exhibición para los anales en el Hautacam incluida, y una mezcla entre prudente y hastiado en la tercera en la que en varias ocasiones "gritó" su deseo de que todo acabase ya, que como cualquier hijo de vecino quería disfrutar de vacaciones. El detalle es que el indefinido cualquier no es aplicable a quién esta temporada ha puesto definitivamente el límite en ser el mejor de la Historia. Su mayor obstáculo parece ser que consiste en que solo le motivan los grandes retos. La medida de su grandeza es que parece que ganar el Tour no lo es ya para él. ¿Hasta cuándo nos durará el goce de verle volar? Él ha citado los Juegos de Los Ángeles como un posible punto de inflexión. Y luego...ni él lo sabe.
Jonas Vingegaard (DIN): Tras "empatar a dos sets" en los cuatro años anteriores con el gigante esloveno llegaba la hora de decidir todo en el quinto. Desde el primer bloque quedó claro que tendría muy difícil alzarse con el título de vencedor del "match". Una mala contrarreloj de Pogacar en el Dauphiné alimentó la esperanza de que en el tramo en solitario del quinto día fuera el danés el que tomara la delantera. Nada más lejos de la realidad. Golpe moral y a esperar la montaña. Pero no. Llegaron los Pirineos y el pescado acabó vendido. No cejó en su empeño y su equipo preparó un todo o nada en el parcial que acababa en La Loze. Que buenos recuerdos. Allí claudicó Poggi en 2023 con aquel "I´m dead" que aún resonaba por la cordillera alpina. Jorgenson por delante, ataque en la Madelaine a 70 kms de meta. Cuchillo entre los dientes. Pero Pogacar viene del pasado para imponer la ley de los más grandes. Nada que hacer y a pensar que rendija puede dejar abierta su rival en 2026 para hincarle el diente. No queda otra.
Florian Lipowitz (ALE): Llegará un momento, aunque no lo parezca, en el que el mayor duelo de la historia del Tour toque a su fin. En el que los dos grandísimos dominadores de las cinco últimas ediciones ya no sean lo que increíblemente son. En el que estos julios brillantes sean solo motivo de nostalgia y una nueva generación alumbre nuestras tardes de verano. Cada año hay un casting para elegir quién es el primer humano que transita por las carreteras galas. Los resultados han sido: 2021: Richard Carapaz, 2022: Geraint Thomas, 2023: Adam Yates, 2024: Remco Evenepoel y 2025: nuestro protagonista, Florian Lipowitz. El alemán ocupó la misma plaza a la sombra de los colosos que en el Dauphiné de junio. Sus armas: regularidad y capacidad de revertir los malos momentos. Él lo tuvo en la primera etapa de los Alpes en la que el escocés Óscar Onley, su principal rival para el podio tras 17 días de carrera, se le acercó tanto que vio peligrar su presencia en el Arco de Triunfo el domingo. Pero Florian está hecho de acero del bueno. Su aleación es mitad escalador, mitad rodador. Y a la jornada siguiente en La Plagne olió el escape de fuerzas de su oponente y rascó los segundos necesarios para navegar tranquilo hasta la capital francesa. En este 2025 se ha colocado en la "pole position" para algún día relevar a los dioses. Prometeo.
Jonathan Milan (ITA): Verle esprintar es contactar con la música "heavy metal". Un derroche de fuerza, velocidad e intensidad simbolizado en sus bruscos movimientos de cabeza que parecen ansiar separarse del cuerpo para llegar ella sola a meta. Se embolsó dos etapas y el deseado maillot verde del ganador a los puntos. Llevaba Italia desde 2019 sin vencer ni un solo parcial en el Tour en una sequía de las que duelen. Un 12 de julio en Laval se paró la cuenta negativa. A su modo. Como un increíble Hulk que tras erigirse en unos de los monstruos del ciclismo en pista quiera ampliar su terror al asfalto. Y bien que le deben temer.
Ben Healy (IRL): Bien merecido el título al más combativo de la carrera que le ha otorgado la organización. Es la encarnación de la tozudez mezclada con la fuerza y la convicción. Este Tour le ha servido como confirmación de ser ese corredor carismático que a todo el mundo gusta ver en acción. Su triunfo en Vire Normandie supuso un soplo de viento diferente a la alternancia en el protagonismo de Van der Poel y Pogacar. Más que un viento un huracán que dejó tumbados a todos sus compañeros de escapada. Pero su motor no se veía satisfecho con esa exhibición. En la etapa que finalizaba en el Pico de Sancy se vistió de líder. Primer irlandés tras nada menos que Stephen Roche. Cuando se desató la bomba nuclear Pogacar cedió el liderato pero todavía su voracidad tendría un nuevo episodio. Camino del Mont Ventoux se le puso entre ceja y ceja ganar en la mítica cima. Cuando España entera se ilusionaba con el posible triunfo de Enric Mas puso la marcha reductora y a cortar alas. Sesgó todas salvo las de Valentín Paret-Peintre. Pero volvió a dejar su sello salvaje. Bestia indomable.
Jonathan Narváez (ECU): Dame 200 metros del reprise de Narváez y moveré el mundo, diría un Arquimedes ciclístico. El ecuatoriano fue el punto de apoyo vital del futuro tetracampeón del Tour para cimbrear los cimientos de sus rivales o directamente doblegarlos como en Hautacam. Que cambio de ritmo fabuloso tiene. Cuando Pogacar vio en el Giro de 2024 que Narváez fue capaz de batirle en la primera etapa y privarle de vestir el rosa de principio a fin se diría: este tiene que venir conmigo. Dicho y hecho. Y ha sido una pieza importante. Siempre al lado de su jefe incluso en parciales montañosos sin ser específicamente un escalador. Si hubiera que elegir un MVP de gregarios él sería el principal favorito.
Thymen Arensman (PBA): Dos etapas al zurrón. Dos formas diferentes de llegar a ellas. Dos caminos diferentes en su corta carrera deportiva. Cuando apareció en 2022 enfundado en el maillot del Sunweb para ganar en Sierra Nevada durante la Vuelta de 2022 y acabar quinto en la General con tan solo 22 años muchos le pusieron la responsabilidad de ser el sucesor de un Tom Doumolin en cuesta abajo. Lo fichó uno de los mejores equipos del mundo, el Ineos, con la idea nada menos que de liderarlo. Pero la mente a veces no obedece a nuestros deseos y Thymen entró en un callejón oscuro. Y cambió de senda. Olvida la rigidez, abraza la relajación. Y así se presentó en el Tour 2025. Desinhibido. La primera diana la hizo en Superbagneres. Una tarde inspirada, una fuerza descomunal, una escapada consentida el día en el que Pogacar bajando el Tourmalet vio los primeros fantasmas en su carrera. En La Plagne otra vía. Más difícil. Cara a cara con los gigantes. Demarraje y a mantener una ventaja de 20 segundos con los dos primeros de la general. Ni Tom Cruise en Misión Imposible. Pero factores endógenos, calidad innata, y exógenos, marcaje entre Pogacar y Vingegaard, propiciaron el segundo alegrón en Francia. Y la confirmación de que es un corredorazo.
Mathieu Van der Poel (PBA): Hay hazañas que a pesar de no ser culminadas nunca se olvidan. Si además su actor protagonista es una leyenda que trascenderá su época ya entra en los anales. Van der Poel se escapó junto a su compañero Rickaert desde el banderazo de salida camino de Chateauroux. 173 kms más tarde a una media mayor de 50 kms/h y cuando ya se acercaba en solitario a la meta fue cazado a 800m de meta. Solo un dios de la bicicleta tiene una ocurrencia así. Cautivador. Eso fue en la novena etapa. Antes le había dado tiempo de ganar la segunda y ponerse líder, ayudar a Philipsen a ganar la primera, luchar cara a cara con Pogacar en Rouen y el Mur de Bretagne y ponerse el mundo por montera para intentar el imposible de ganarle el "verde" a Milan. Solo una neumonía pudo frenarle. Hasta la próxima titán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario